Se levantan al alba cuando despuntan los primeros rayos de Sol en el horizonte. Se enfundan el mono de trabajo, casco incluido, y se ponen inmediatamente manos a la obra. ¿A qué se dedican? Son buscadores de oro. Esta es la vida de los protagonistas de la Fiebre del Oro (Gold Rush en inglés), un reality que apareció por primera vez en la parrilla de programación del canal Discovery en 2010. En el programa se narran las aventuras y desventuras en las que se ven envueltos tres equipos de mineros mientras luchan contra las condiciones meteorológicas, contra averías inoportunas y hasta contra ellos mismos. Todo con un único propósito: encontrar y extraer el metal más apreciado del mundo. En este artículo conoceremos un poco más a los hombres y mujeres que están detrás de la pantalla y daremos nuestra opinión más sincera sobre el espectáculo que ofrecen cada semana en televisión.
El equipo Hoffman: Todd Hoffman, su padre Jack y recientemente su hijo Hunter forman la cabeza visible de un gran equipo de amigos mineros. Tres generaciones dedicadas a la ardua tarea de remover miles de toneladas de tierra para encontrar unas pequeñas partículas de polvillo fino y brillante. Todd Hoffman es el jefe de mina, fundador y propietario de la compañía 316 Mining. De profundas creencias religiosas, es un hombre con un gran sentido del trabajo y de la responsabilidad, capaz de hacer grandes sacrificios por el bien de su familia y amigos. A raíz de algunas decisiones desacertadas, la empresa casi entra en quiebra y está a punto de perderlo todo. Cuando todos sus compañeros pierden la confianza, Todd y su padre toman las riendas de la explotación minera ellos solos, sin la ayuda de nadie, trabajando de sol a sol.
El equipo Schnabel: inspirado por su abuelo John, todo un mito entre los buscadores de oro de Alaska, Parker Schnabel siempre tuvo clara su vocación. Con apenas 16 años de edad, Parker ya manejaba maquinaria industrial pesada y dirigía a todo un grupo de mineros experimentados. Sus dotes innatas de liderazgo, su autoconfianza y una madurez impropia para un chico de su edad, hacen presagiar un futuro verdaderamente prometedor en la vida del joven minero. Su sueño es comprar nuevas tierras y poseer su propia explotación para no tener que depender de ningún terrateniente ni rendir cuentas a nadie salvo a sí mismo.
El equipo Beets: Tony Beets, alias el Vikingo, es una una leyenda viva del Klondike, una región rica en oro situada entre las fronteras de Alaska y Canadá. Nacido en los Países Bajos, Tony es de carácter rudo y orgulloso. Sus señas de identidad son su larga barba, su mirada penetrante y un repertorio de palabrotas que harían llorar al más fornido de los hombres. Para el señor Beets la palabra imposible no existe. Durante el programa será capaz de desmontar una draga gigantesca de 75 años de antigüedad, transportarla a cientos de kilómetros y volverla a montar pieza a pieza. Una tarea titánica que para él solo es un juego de niños. Las únicas debilidades del viejo Beets son su esposa Minnie, que administra el dinero, y su hija Mónica, su ayudante y ojito derecho.
No cabe duda de que todos y cada uno de los personajes que aparecen en la Fiebre del Oro poseen un gran carisma y personalidad. Algo con lo que mucha gente empatizará. Para el telespectador puede resultar también atractivo el conocer desde el sillón de su casa, aunque sea durante unos minutos, un mundo tan duro y desconocido como el de la minería del oro. Pero lo cierto es que no es oro todo lo que reluce, nunca mejor dicho. Muchos amantes de la naturaleza seguro que se echarán las manos a la cabeza con algunas de las acciones que cometen los protagonistas. Como si todo valiese con tal de obtener unos pocos gramos del metal amarillo, veremos cómo convierten un territorio fértil y verde en un yermo, arrasando con toda clase de vegetación y hasta llegando a desviar el curso de un río entre otras tropelías.
Toda persona tiene derecho a ganarse la vida del mejor modo que estime oportuno. Pero quizá deberíamos plantearnos el precio que estamos dispuestos a pagar en el camino. En cualquier caso, la minería es un negocio que mueve millones de dólares al año y que da de comer a miles de familias en todo el mundo. Solo por eso, la Fiebre del Oro bien merece un visionado.
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