miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cómo buscar y encontrar oro

Desde los albores de la civilización el oro ha sido el metal más venerado por la humanidad. Millones de personas cautivadas por la promesa de grandes riquezas han recorrido el mundo, removido montañas y provocado terribles guerras con el único afán de conquistar el preciado elemento. Los romanos lo buscaron en Hispania. Los españoles en América del Sur. Los pioneros en el viejo Oeste. No importa el momento histórico en el que nos situemos. La incesante búsqueda de este metal tan extraño y singular ha determinado el destino de la humanidad a través de los tiempos. Ahora, en plena edad contemporánea, todavía podemos lanzarnos a la aventura de la búsqueda del oro tal y como lo hicieron nuestros antepasados. En este artículo hablaremos sobre la forma más ancestral de todas para buscarlo… y encontrarlo: el bateo.

Para buscar oro no hace faltar contar con herramientas muy sofisticadas. Primero porque ese equipo es muy caro y segundo porque hacer uso del mismo sin las correspondientes autorizaciones, puede meter en un buen lío al buscador recreativo con las autoridades de su país. Todo lo que se necesita son unas herramientas básicas que llevan siendo utilizadas por los cazadores de oro desde tiempos inmemoriales. A saber: un par de bateas, un tamiz, una pala de jardín, una lupa, un succionador y viales para guardar las muestras. No estaría de más tener también un par de botas de agua para evitar mojarnos los pies. Todo ello se puede conseguir a un precio muy económico.

Una vez que tenemos los utensilios necesarios es hora de comenzar a diseñar nuestra estrategia de búsqueda. Hay tres fases básicas a seguir: documentación, prospección y recogida. 

1) Documentación: lo primero de todo es informarse bien sobre si cerca de nuestra casa existe un enclave donde se extrajo oro en la antigüedad. Suele decirse que donde hubo oro, hay oro todavía. No obstante, tampoco cabe esperar que de buenas a primeras alguien consiga encontrar varios kilos de pepitas y que con ello se haga millonario de la noche a la mañana. Puede ocurrir pero desde luego no es lo habitual. La segunda fuente de información es algo más compleja ya que requiere tener ciertos conocimientos sobre geología. Frecuentemente el oro aparece en vetas junto con minerales como el cuarzo y otros metales pesados como el cobre, el hierro o la plata. Si se es capaz de identificar las condiciones geológicas más propicias, será más probable realizar hallazgos importantes. Si esto se desconoce, quizá podamos solicitar información al departamento de geología y minería de una universidad próxima a nuestra localidad. 

2) Prospección: una vez que tenemos una idea aproximada de dónde empezar a buscar, nos desplazamos al lugar en cuestión. Lo más fácil será acudir a un río o arroyo ya que necesitamos una fuente de agua para llevar a cabo la técnica del bateo. Las corrientes de agua van erosionando poco a poco las fuentes naturales de mineral y arrastran consigo las pepitas río abajo. Preferiblemente escogeremos zonas de meandros donde la corriente no sea excesivamente fuerte, o lugares donde haya obstáculos en el curso fluvial tales como grandes rocas. Es en estos lugares donde se depositan los sedimentos de arena, grava y, por supuesto, oro. También se puede buscar en zonas de lecho seco siguiendo las mismas indicaciones.

3) Recogida: ya sabemos que en un lugar puede haber oro y hemos prospectado las zonas donde nos será más fácil encontrarlo. Podemos ahora proceder a la recogida de muestras. Empezamos removiendo la capa más superficial de tierra para acceder a capas más profundas. Con una pala extraemos la arena y la grava y la pasamos por el tamiz para que las partículas más pequeñas caigan en la batea. Llenamos la batea de agua hasta aproximadamente 3/4 de su capacidad y la agitamos describiendo movimientos circulares. Esto hará que los materiales más ligeros se pongan en suspensión mientras que los más pesados (como el oro) vayan hacia el fondo. A continuación vaciamos con cuidado el agua de la batea para desechar los materiales más ligeros. Repetiremos este proceso tantas veces como sea necesario hasta que solo quede una amalgama de arena negra en la que eventualmente se puedan divisar las brillantes pepitas. Por último, con la ayuda de un succionador, recogeremos las muestras y las guardaremos en viales para ser clasificadas posteriormente. 

El proceso de buscar oro puede ser laborioso y no siempre reporta las recompensas esperadas. Muchos bateadores tienen que volver a casa con las manos vacías, pero eso no merma en absoluto su ánimo para volver a intentarlo un nuevo día. Al fin y al cabo, la mayoría han hecho de la búsqueda de oro una afición que en todo caso les sirve como excusa para disfrutar de un agradable día en plena naturaleza.

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